Se cavila en susurros se divaga en la fuente de la dulzura
se cree alacanzar los murmullos
se siente el sabor de la locura.
Es un sónido que estremece
un alud de cuerdas angelicales
pantanos, gracias, piedras, jarcias
incluso un fulgor que envilece.
Es el soplo del agua en el cauce de un manantial
una sinfonía de Bagh, un canto de jilgero
algo, todo, la nada y la impresión colosal;
la saciedad, el gozo de la armonia de un sereno.
Oh zorzal de pecho músical!
Oh sabia de miel aterciopelada de encanto
cuan gran sabor penetra en las entrañas
cuál cúmulo de representaciones aparece
en medio del noúmeno de mis sentidos.
Oh tú ... sólo tú gavilán de deseo fónico;
gracias por permitirme cavilar en tus susurros.

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