Fueron los caminos desiertos mi yugo
la sangre de caballos de aire mi compañía
el cielo negro de las estepas del sur lluvioso
el calor de los acantilados del alma de mi agonía.
Era lacerante pensar en fiordos frescos de sal
en calor, al amparo del abrigo de un fuego magallánico
tal vez, pastizales para los animales de mis entrañas de cal
o un surco de hielo brillante, chamánico.
Sin embargo, el tiempo se apiadó del dolor
las entrañas tocaron el cielo de una piel tersa de amor
de unos ojos llenos de ternura lujuriosa, de ardor
de un beso tranquilo, comprensivo, saciado ya del dolor.
Encontré el destino, la completud, la belleza de poetas y escritores
los caminos se hicieron huellas, besos de realidad,
esperanzas, tierra fresca de olores cándidos
vientre de sueños anhelados, sonrisas que llenan mis oídos
se fue el frío y, mi cuerpo aterido sucumbió a la irreverencia de la felicidad.
Las palabras ya no fueron más signos imberbes
los significados dejaron atrás las secuelas de la epidemia de la soledad
el viento arrullo mis quimeras en cada uno de tus suspiros y;
mi destino dejo de ser el vacío que llenaba la estepa de mis desencantos.
Mágico amor,
has devuelto en la sábana de tus pétalos de azafrán la armonía a mis pupilas
has coloreado de lirios las corrientes de mis venas
has llenado de nombres mis fábulas invernales y estivales.
Te amó;
en tí, los corcoveos niquelados del sufrir han dejado ya de ser
en tí, mis devaneos pululan a la luz de un sol tibio y ancestral
en tí, todo se convierte en sabia y alimento primordial
en tí, no necesito ser más que yo,
pletórico ... de tí.
