
Es fuerte, es una extraña sensación el darme cuenta que una sóla imágen puede quebrarte por completo, humedecer tus ojos, acalorar tus mejillas y poner tus labios completamente amargos ante el recuerdo.
Si, es verdad, hoy mire una foto de hace más de un año, mi titulación, vestido de fraile, con mi madre, mi hermana y mi ex formador y no pude dejar de ceder a la meláncolia.
Debe ser quizás a lo significativo de las fechas, al cumplimiento de un ciclo, al desarrollo de hechos que implican una remembranza de una vida pasada llena de dichas que cuesta olvidar y que atesoro tan adentro que es díficil sacar afuera en el ambiente en el que me encuentro.
Hoy, de hecho, también ví a ex compañeros cantando esos sones a Dios que tanto me llenaban, ví la pasión con que ellos cantaban y me observe, con la misma fe tal vez, pero sin el encanto ni la pasión que ellos transmitían.
Y me dije, ¡Qué tanto pudo pasar para que esté sintiéndo esto! ¡Qué nostalgía siento del sentir que ellos proyectan!
¡Qué lejos estan mis proyectos de hoy con los que hace 1 año llenaban mi alma!
Sin embargo, la pena no fue tan grande como imaginé que pudiera ser. La nostalgía no fue tan ardúa como para hacerme caer; más bien fue un mirar el pasado como un buen recuerdo, del que se extrañan muchas cosas, pero que no nublan ni agrietan el presente que hoy vivo.
Hay duelo, si lo hay.Es imposible negarlo, pero el sol brilla en el horizonte y siento que mis pasos cada vez me acercan más a su calor.
Ya pasará, vivo lo que hay que vivir y mastico lo que siento consciente de lo bueno que es para crecer.
