Ha pasado un buen tiempo desde que la vida me dio una lección, o más bien, me azotó contra el suelo y me hizo mirar el barro de mis ilusiones tan negro como un hoyo negro en la oscuridad de la noche.Mi alma está más tranquila, sabiendo que sólo los sueños profesionales pueden darme alguna razón para seguir creyendo en el futuro. Me he aferrado a mis amigos, a mis visiones, a mis más íntimos deseos; pero aún no logro salir de ese letargo en el que mi corazón está sumido. De hecho, cada día me doy cuenta que debo seguir viviendo a base de esfuerzos, de estudios, de sentimientos familiares, nada más...si nada más, mujeres; no están en carpeta, hay por ahí alguna que enciende las llamas de la hoguera de mi alma, pero mis dolores frenan cualquier intención.
Por otra parte los tiempos no me acompañan. Cuando deseas ser alguién, lamentablemente, tienes que dejar de tener vida para los demás, incluso dejar un poco de lado a tus amigos más cercanos, yo sé que ellos entienden, pero desde ésta tribuna a veces olvidada por mí, les pido perdón, por no estar, tan cerca como quisiera.
Por lo pronto, me he dado cuenta que ya no tengo la alegría en la mirada que hace meses inundaba mis pupilas; y jamás volverá a estar ese brillo en mis ojos, lo siento amigos, lo siento por mí, pero cuando tú no llegaste se apagó la luz de mis luceros y ella sólo parpadea en contadas ocasiones, pero nunca más será igual que ese ayer que a veces añoró, que me quitó la inocencia de creer en la gente, y que sacó de mi interno la alegría de esperar por tí como esperé hasta hace poco.
Jajaja..yo sé que estoy hablando en clave, pero los que me conocen me entenderán y con eso me basta; y los que quisieran entender, pues mirenme a los ojos cuando nuevamente estemos frente a frente y comprenderán.
