lunes, 24 de septiembre de 2007

Un día después de mi mañana

Hoy, mientras corría el agua sobre mi cuerpo mojado cerca de las diez de la mañana y me refegaba el poco pelo que tengo en la ducha, un raconto explosivo vino a mi memoria. Si, así de simple, en un acto tan cotidiano como el bañarse mi capacidad contemplativa volvió a surgir y de repente me vi situado hace un año atrás.
Pense de pronto en lo duro que estaba pasando hace más de 365 días y seis horas que tiene un año, recordé como el 21 de septiembre del 2006 tomaba mis maletas, unas dos o tres cajas llenas de libros, ropa, cds. y cuanta cosa había acumulado en cuatro años de vida religiosa; pero sobretodo vino a mi cabeza el montón de sueños que me llevaba de vuelta a la casa de mis padres (sí...la casa de ellos y no ya la mía, porque la experiencia me había dado a entender que ya no era mi hogar), con el mundo destrozado, con el corazón lleno de congoja, con un miedo terrible a la sociedad que te ensalza y te pone en un pedestal que jamás quisiste tener bajo tus pies, pero que Dios te obligo a tomar si lo servías, aunque interiormente lo odiaras y, más o menos visualizando que el futuro y el enfrentar el día a día de nuevo sería más díficil de lo que mis miedos me hacían intuir.
Recordé también como esa primera noche de jueves, mi primera noche en mucho tiempo libre de oraciones, trabajos para Conferre y preocupaciones de pastorales; fue la noche en que sentí algo que jamás podré explicar con palabras, gestos o miradas...una angustía y una incertidumbre que jamás había vivido y que no me dejo dormir tranquilo hasta altas horas de la madrugada.

Y...después de todas éstas imagenes intespestivas, me dije, que tiene que ver esto con mi vida actual; ésta vida llena de proyectos en la que me he incertado, ésta vivencia llena de nuevas experiencias y ganas de salir adelante. Y..caí en la cuenta que la única verdad que mi inconsciente quería señalar a mi consciente era que al igual que un año atrás, hoy estoy empezando de nuevo. Con una diferencia notable, eso sí, sabiendo que estoy sólo en el camino, que hay amigos a mi lado (pero no conmigo porque es imposible que alguién éste hasta dentro de tí para que tu sientas que te acompaña en la plenitud), pero que al contrario de hace un año, cuando realmente la soledad era atroz, hoy es una soledad que me dice que con el único que cuento es conmigo mismo y con mi Dios; ese Dios que hace un año creí me abandonaba porque no lo sentía ni en los créditos de la película que en ese instante era mi vida.

....han sido días de soledad éstos de las fiestas, han sido días de desencanto y frustración, pero sobretodo de evasión en el trabajo; pero más que eso ha sido un viaje a mi interior que ha permitido a mis ojos avizorar un hombre nuevo que ya no mendiga afecto, que sabe lo que vale y que camina no en la total seguridad, porque eso sería soberbio, pero que si camina en la seguridad de saber que el miedo lo abandonó y que no le volverá abrir la puerta de su corazón para que lo haga dudar de quién es.

Es bueno darse cuenta de esto, aunque también es un poco triste optar por uno mismo a costa de no querer buscar el complemento que los demás te ofrecen...porque, lamentablemente, ese complemento la mayor parte de las veces está condicionado por la mezquindad o mejor dicho por el egoísmo propio del ser humano.

En fin, hace un año estaba hecho añicos por dentro, pero tenía fe en que no sería derrotado por la vida y que mi cambio era el correcto; hoy...estoy seguro que lo elegido fue la mejor opción y, además, creo firmemente que cuando llegue mi un día después de mi mañana, podré lograr la felicidad que anhelo, esos instantes de felicidad que anhelo para el resto de mi vida.