
Hace bastantes años ya que conozco al ex padre Andrés San Martín, y no saben como me duele nombrar a un amigo tan entrañable de ésta manera, pero los hechos y las circunstancias son las que mandan, y no lo que pudiera desear o sentir en éste instante.
A Andrés lo ví llegar muy jóven a mi parroquia, quizás tendría unos 30 años, estaba recién ordenado de diácono y estaba siéndo nombrado para asesorar al padre Manuel Vera en la parroquía El Buen Pastor de San Pedro de la Paz en las labores juveniles, más específicamente, en la unificación de una pastoral juvenil que por esos días tenía muchos problemas.
Desde un principio, se mostró como alguién distinto, capaz de atraer a la gente en grandes masas; y no por ser muy locuaz o cariñoso con las personas, sino por su franqueza y por ser muy consecuente en su actuar como religioso, cuestión que el cristiano sabe reconocer en seguida.
A medida que iba pasando el tiempo, éste religioso que pronto se convirtió en un excelente sacerdote, logró unificar una gran pastoral juvenil, sanear las cuentas de la parroquía y ser un testimonio de vida para muchos; de tal forma que en los años que estuvo en San Pedro llego a mandar 18 jóvenes a la Casa de Formación Agustina y unos cuantos más a otras congregaciones y al seminario diocesano de la ciudad con su compañía y ejemplo en las acciones y no en las palabras.
Después de todo ello, vino el caso Matute, muy bullado por estos días ante la apartición de un nuevo testigo "clave" según las autoridades, para esclarecer lo que sucedió; caso que lo puso en la palestra nacional, pero que a nivel interno, era sólo un deber como sacerdote y como cristiano para con el próximo según el mismo me lo decía; más aún, viéndo el gran sufrimiento de la Sra. María Teresa Jhons.
Debido a éste caso y a declaraciones poco afortunadas, como me lo diría Andrés, los superiores de la Orden de San Agustín lo alejaron de Concepción y lo mandaron a San Fernando, sexta región, para hacerse cargo de la pequeña parroquía del lugar. La idea, creo, fue siempre bajarle el perfil a la situación y quitarle "peso" a Andrés en medio de la gente, cuestión que irremediablemente, debido a su personalidad no se consolidó y, por el contrario, se amplio en su nuevo lugar de misión.
Fue en éste lugar en donde yo como religioso de profesión simple y el como parrocó conversamos innumerables veces, fue allí en donde reconocí en él mi mentor en la vocación y el ejemplo que me llevo a entrar a su congregación para seguir a Cristo; pero fue también allí en donde logré comprender que cada vez mi amigo Andrés estaba más sólo, que lo dejaban a su suerte cada día más y que cada una de sus opiniones producían resquemores entre sus hermanos ante la sinceridad y deseo de seguir el evangelio por sobre la mantención del statuo quo, de acomodarse fácilmente a las comodidades que otorga éste tipo de vida y de sentirse más alguién servido que siéndo alguién que debe por sobretodo pensar en servir con fuerza y fe a los demás.
Por lo tanto, no me ha sorprendido el que lo hayan destituído de la Orden...hace mucho tiempo que lo estaban persiguiendo, y lo digo con todas sus letras, total, esto lo leerán mis amigos y los que no lo sean, pues tomenlo como una opinión. Me ha dolido en verdad, no lo puedo negar, y más que por el hecho mismo, por lo que era y sigue siéndo Andrés para mí, uno de los pocos que sí trata de ser fiel a lo que cree y proclama. Su vocación ha sido pisoteada, pero su fe no creo que lo haya sido. Se ha destrído una intención de vida, pero no se ha matado al hombre de Cristo; al menos eso creo yo.
En tanto yo...a meses de estar fuera de éste tipo de vida, no hago más que agradecer el que Dios me haya iluminado y me haya permitido ver la luz, diáfana, clara; para darme cuenta que debía dejar un nido de arpías (no todos eso sí) que me quería deborar en la rutina y en el hacer lo correcto y no lo que Cristo pide en radicalidad en todo sentido.
Una vida rota, una vocación pisoteada...la de Andrés, la mía, la de muchos? No lo sé, más espero en Cristo que todo se aclare más cada día para él y también para mí.

