sábado, 21 de julio de 2007

El Reclamo que hierve mis entrañas


A veces miras hacia atrás los sucesos que te ha deparado la vida y ves al mismo tiempo los reclamos que la gente que supones te estima te hace respecto de tu olvido; y el reloj se detiene frente a tus narices, las entrañas empiezan a sufrir el dolor que provoca el sentirte cuestionado y no sabes como dar paso a la desazón que inunda a tu ser por instantes, horas o días.

Eso...amigos míos, me pasó ayer y hoy sigue roñendo el surco de mis entrañas, molestandome, haciéndome sentir mal, abatido y hasta en algún sentido culpable de no ser tan dedicado con "algunos" y ser muy posesivo y dedicado con otros.

Pero a la par con éste sentimiento que me embarga en éstos momentos y que me insta a pasar mis dedos por las teclas del computador, nace en mí una especie de contrareclamo. Reflexiono y me digo a mi mismo, porque me reclaman afecto si a mi no me dan eso que reclaman, por qué los humanos en general acostumbramos a pedir, o más bien a exigir del otro, lo que no le estamos dando y que tampoco estamos dispuestos a darselo, a menos que exista un interés concreto de por medio, por muy amigos que seamos?

No lo sé, pero yo me revelé contra eso hace bastante tiempo y cada vez que el tema vuelve a mi vitácora no puedo dejar de abatirme al ver que sigue sucediéndo lo mismo, con matices diferentes, pero con la misma cuota de egoísmo que en la mayoría de los casos he observado.

En fin, el tema quizás no de para más...pero lo que si es cierto que no puedo obviar lo que mis entrañas (el sexto sentido según los griegos) me están indicando frente a sucesos (como lo dije al inicio) de éste tipo.

Soy un hombre de sensibilidades profundas, sin manifestaciones observables con tanta facilidad para el interlocutor, pero que no puede abstraerse de lo que las palabras le hacen comprender respecto de los hechos y situaciones que vive. Quizás por eso, puedo culparme de sentir lo que siento, aunque mi razón me indique que mi contrareclamo tiene cierta lógica, mis sentidos no pueden asimilar tan fácilmente que un amigo reclame por cariño y yo, no se lo dé, a pesar de que él no me lo ha dado, porque la amistad, simplemente, creo, no funciona, ni deberá, jamás funcionar así.