No se piensa la aurora si el camino es pedregoso
si la lluvia del alma brota a borbotones
si la camisa de fuerza no deja que los aullidos escapen
si el sol abraza los pasos amordazados de una garganta pétrea.
No se puede ser una llama en el gélido frío del sueño
una llama apagada por la coraza de los flashes
una ceniza podrida en el caudal de las angustias
no se puede, simplemente, no se puede ser si nunca se fue.
Nada, absolutamente nada es en el sonido de las sombras
en el recuerdo de las blancas sierpes
en la base inútil de los estrechos ríos que recorren las venas
que auscultan los lazos, que ponderan los pasos.
No se ya si se puede siquiera dramatizar la comicidad de lo escrito
la falacia de las expresiones agónicas
el pilar de una emoción que jamás perteneció
que se diluyó y hoy busca en el vacío el aire que no sucedió.






